Historias del barrio

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En el barrio, en la universidad, en la vereda, los y las jóvenes tejemos lazos de fraternidad para una vida digna, por la defensa del territorio.

lunes, 14 de abril de 2014

Casanare: Lo que nos ocupa como movimiento social



Como generación, tenemos la triste casualidad histórica de ver el saldo ambiental de la explotación y saqueo petrolero en el departamento. Claro que ya lo veníamos pronosticando en cada uno de los talleres que hacíamos en las veredas. Y el pronóstico realmente no lo hacíamos nosotros, lo hacían los campesinos quienes, en muchos lugares, sólo veían las consecuencias de la exploración, no de la explotación que es sin duda mucho más lesiva para el agua y los ecosistemas. Pero entonces, si lo sabía el campesino, lo sabía el visitante, lo sabía el obrero, lo sabíamos todos, ¿qué pasó?
Las políticas, más allá del aparente consenso democrático de límpidas y honorables elecciones, representan lo que detrás del escenario es la confrontación por los recursos económicos. Desafortunadamente, como especie, como seres humanos, no fuimos capaces de manejar colectiva y racionalmente en el siglo XX, los recursos para no liquidarnos entre nosotros como depredadores. Afortunadamente, en el siglo XX gran parte de la humanidad cayó en cuenta de que era una labor que correspondía al pueblo organizado, porque los dueños de todo, los antiguos colonizadores y ahora potencias mundiales, nunca tomarían estas decisiones. La sed de riqueza, en todo y en todos, parece un caballo que se salió de la carreta de la humanidad y ha venido destrozando todo a su paso. No se explica de otra manera que hoy más de 700.000 barriles diarios de petróleo, con los alrededor de 15 millones de barriles de agua saqueada que esto implica, sean producidos para hacerle negocio al capital internacional de las multinacionales y al capital nacional de políticos que viven de depredar los bienes de los colombianos, en un ciclo corrupto de cada cuatro años. Un sistema de depredación hemos creado, y como pueblo no hemos podido sumar la fuerza necesaria para pararlo.
En Casanare la historia es réplica fiel de esta realidad. Un departamento que en los 80's era rico en flora, fauna y recursos hídricos. Decir que el pueblo casanareño no hizo nada sería una mentira completa. Una sociedad estructurada a partir de la producción agraria, se movilizó con el conjunto del campesinado para exigir un cambio en la política. Así lo hizo en el Foro Petrolero de 1991 en el municipio de Yopal, foro visionario donde el campesinado ya ponía el dedo señalando la catástrofe que vendría. Ese proceso campesino ha cambiado. Durante dos décadas seguidas luego de ese histórico Foro, el movimiento campesino fue sistemáticamente perseguido, desarticuladas sus organizaciones, desaparecidos sus miembros, y asesinado en un genocidio que para el departamento tiene similares magnitudes que las del genocidio de la Unión Patriótica, e insisto, estamos hablando de la población de un departamento pequeño.
Hoy, ante la crisis, diferentes voces están pronunciándose, incluso las asociadas desde siempre al poder político en el departamento. Manifiestan su indignación e incluso señalan a las compañías petroleras. ¿Es suficiente esto para el movimiento social? No es la primera vez que las clases políticas locales explotan una coyuntura mediática para acumular en su carrera electoral. Sin embargo, es seguro que por esta razón no se va a tocar el modo de producción y de asignación de recursos en el departamento ni en el país. Ni siquiera se está poniendo en tela de juicio el modelo de desarrollo minero energético, pues justamente esta semana la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales otorgaba otra licencia para la explotación petrolera en Paz de Ariporo y otros municipios. Nos corresponde poner ahí el punto: Quiénes producen, para quienes, desde dónde se decide esto. No somos los pueblos quienes estamos decidiendo sobre qué vamos a hacer con los territorios, a nosotros sólo nos están quedando los daños. Mientras no se cambie el modo de producción, seguirá la corrupción, el saqueo, los abusos.
Es claro entonces que como mujeres, campesinos, indígenas, trabajadores formales e informales, desempleados, tenemos que organizarnos. En este sentido, el movimiento social en Casanare enfrenta tres grandes retos. El primero de ellos, es vencer el miedo generado por décadas de sistemático exterminio promovido por las fuerzas estatales y para estatales. Es necesario continuar con los ejercicios de memoria y organización, para ir avanzando así, en la reconstrucción del sector campesino comunal en el departamento. El segundo reto, se refiere a que Casanare ya no es el departamento predominantemente rural que era hace décadas, sino que ha pasado por un proceso de urbanización creciente y ligado a dos fuerzas: la industria petrolera y la paramilitarización social que la sustenta. Yopal es ejemplo claro de esto, una ciudad de bandas criminales, con microtráfico extendido, con una alta tasa de homicidios. Esto nos plantea la necesidad de apuntarle a la construcción de un sector cívico popular, teniendo en cuenta la necesidad de reconstruir tejido social en medio de la guerra social impuesta. La difícil tarea requiere toda la creatividad de las organizaciones sociales para ir ganando campo en la posibilidad de la unidad de lo cívico popular con perspectivas más allá de la coyuntura.

En este sentido, encontramos el tercer reto, y es el uso que de esta población urbana ha hecho la clase política tradicional. A las crecientes demandas sociales, han sabido cooptarlas y aprovecharlas en beneficio propio, aumentando las divisiones y las posibilidades de un horizonte transformador en este sector de la población. Por eso el reto en este sentido es instaurar en las bases de un movimiento cívico popular que ya anda casi de manera espontánea en la ciudad, unas líneas de reflexión y educación política capaces de orientar la acción hacia el cambio de modo de producción, y no solo a la satisfacción de las reivindicaciones inmediatas, sin necesidad de negar estas últimas. La tarea es pues, construir bases en el movimiento cívico popular, que debido al cambio en la estructura social del departamento, es decisivo hoy para transformaciones políticas de fondo que permitan sacar a Casanare de la crisis y proponer desde el departamento al país otras formas de vida, basados en una relación verdaderamente racional como seres humanos frente a la naturaleza.


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